Si hay algo que me sigue fascinando cada día de mi profesión es cómo la odontología nos permite no solo tratar problemas, sino anticiparnos a ellos. Una de las herramientas más eficaces para lograrlo —especialmente en pacientes más jóvenes— es la ortodoncia funcional.
Hoy quiero explicarte qué es, cuándo la indicamos y por qué puede marcar una gran diferencia en el desarrollo facial y dental de tu hijo o hija.
¿Qué es la ortodoncia funcional?
La ortodoncia funcional se centra en modificar el desarrollo de los maxilares durante la fase de crecimiento activo del paciente. A diferencia de la segunda fase de ortodoncia fija convencional, que tiene como objetivo modificar la posición de los dientes permanentes, aquí el objetivo va más allá del diente: buscamos reeducar la función y guiar el crecimiento óseo.
Para ello, utilizamos lo que llamamos un aparatos dentales diseñados para estimular o redirigir el crecimiento del hueso maxilar o la mandíbula, corrigiendo alteraciones funcionales, dentales o esqueléticas desde edades tempranas. Y ademas para reeducar la función de la lengua y la respiración aparatos como los deglus y ejercicios de rehabilitación de las funciones.
Y sí, cuando se aplica a tiempo, puede evitar tratamientos mucho más complejos en la edad adulta, como extracciones o incluso cirugías ortognáticas.

¿En qué casos se recomienda la ortodoncia funcional?
Como todo en odontología, la clave está en una buena valoración individual. Sin embargo, hay algunas situaciones en las que solemos valorar este tipo de tratamiento:
- Niños y niñas con mordida cruzada, mordida abierta o sobremordida
- Casos en los que se observa un crecimiento desigual entre maxilar superior e inferior
- Presencia de respiración oral, deglución atípica o hábitos como la succión digital
- Dificultades en el habla, postura de la lengua inadecuada o alteración funcional que esté afectando al desarrollo armónico de la cara
En estos casos, intervenir durante la fase de crecimiento activo es fundamental. El cuerpo está en constante cambio, y podemos aprovechar esa plasticidad para reconducir el desarrollo, evitando compensaciones que más adelante serían mucho más difíciles de corregir.
¿Cómo funciona un aparato funcional en ortodoncia?
Los aparatos funcionales pueden ser removibles o fijos, y su diseño se adapta a las necesidades específicas de cada paciente. Lo que tienen en común es que aprovechan la fuerza natural de la musculatura orofacial —la lengua, los labios, la masticación— para provocar cambios en los huesos y guiar su crecimiento de forma más armónica.
Existen distintos tipos de aparatos de ortodoncia funcionales, cada uno con un diseño particular y objetivos terapéuticos concretos. La elección depende de factores como la edad del paciente, el tipo de maloclusión o el grado de desarrollo óseo. A continuación, te presento los más conocidos y utilizados:
Dispositivos de expansión palatina
También llamados expansores de paladar o disyuntores, se utilizan cuando el maxilar superior es demasiado estrecho. Su función es ensanchar la arcada superior mediante una presión controlada, lo cual mejora no solo la alineación dental, sino también aspectos respiratorios y posturales. Se aplican especialmente en edades tempranas, cuando el hueso aún puede modificarse con facilidad.
Alineadores con aletas de avance mandibular
Son aparatos removibles que estimulan el crecimiento y avance mandibular. Se emplean cuando la mandíbula inferior se encuentra en una posición más retrasada respecto al maxilar superior. Su uso constante favorece una mordida más equilibrada y corrige descompensaciones óseas de forma progresiva.
Con los alineadores también podemos modificar de manera simultanea las malposiciónes dentarias de los dientes que están ya erupcionados en boca, aunque no sea el objetivo… nuestros pacientes comienzan a disfrutar desde la infancia de una sonrisa bonita.
Bionators
Están pensados para influir en la función masticatoria, la postura lingual y la respiración, todo al mismo tiempo. Ayudan a corregir mordidas profundas o ciertos hábitos orales, con un enfoque funcional muy completo.
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Twin Block
Este dispositivo se compone de dos bloques —uno superior y otro inferior— que, al encajar entre sí, posicionan la mandíbula hacia adelante. Es cómodo para el paciente y permite hablar e incluso comer con relativa normalidad. Se utiliza frecuentemente en casos de retrognatismo mandibular.
Herbst
A diferencia de los anteriores, el aparato de Herbst es fijo, lo que lo hace ideal para pacientes con menor adherencia al tratamiento. Utiliza un sistema de barras telescópicas que conectan el maxilar y la mandíbula, guiando el avance mandibular de forma continua. Suelen emplearse durante la adolescencia.
Todos estos dispositivos comparten un principio común: modificar la función para influir en la forma. Y esto es algo que siempre explico con calma a las familias. No se trata de llevar “un aparato más”, sino de enseñar al cuerpo a trabajar de forma más eficiente, respetando sus tiempos y favoreciendo un desarrollo equilibrado.
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La importancia de actuar en el momento adecuado
No hay un único momento perfecto para iniciar la ortodoncia funcional, pero sí hay una etapa ideal: cuando el crecimiento aún está activo.
En niñas suele ser hasta los 8 y 11 años; en niños, hasta los 9 y 13, aunque esto puede variar mucho. Por eso insistimos tanto en la importancia de hacer una primera valoración ortodóncica a partir de los 6-7 años, como recomienda la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO).
Cuanto antes identifiquemos una alteración funcional, dental o esquelética, más margen tendremos para corregirla de forma sencilla y natural.
Además, actuar en estas edades no solo mejora la función y la estética facial, sino que también puede prevenir problemas respiratorios, digestivos o incluso posturales en el futuro. Porque la boca no está aislada del resto del cuerpo: lo que pasa en ella tiene un impacto directo en nuestra salud general.
Ortodoncia funcional: más que dientes alineados
Si algo he aprendido a lo largo de mi trayectoria es que una sonrisa bonita empieza mucho antes de alinear los dientes. Empieza cuando se respira bien, se mastica bien y se desarrolla correctamente el rostro.
Por eso, cuando hablamos de ortodoncia funcional, no hablamos solo de aparatos. Hablamos de mejorar la calidad de vida de un niño o niña. De prevenir. De acompañar. De dar espacio a un desarrollo más sano y equilibrado.Ç
Y créeme, los resultados no solo se ven… también se sienten.
Si crees que algo no va del todo bien con la mordida de tu hijo, o incluso contigo mismo, y te gustaría entender mejor qué está pasando, estoy aquí para ayudarte. En CeoDent trabajamos con ortodoncia funcional porque creemos en tratar no solo los dientes, sino todo lo que influye en su posición: la respiración, la postura, los hábitos…
Me encantará recibirte en una primera visita totalmente gratuita, en la que podré valorar tu caso de forma personalizada, con calma y sin prisas. Juntos analizaremos qué está ocurriendo y cómo podemos guiar el desarrollo de forma natural y respetuosa.
Puedes escribirme, llamarnos directamente al 913 82 52 57 o al 621 27 98 65 (Clínica CeoDent Hortaleza).

La doctora Sara Hawkins es licenciada en odontología y ortodoncista de categoría Invisalign Diamond Provider. Actualmente es directora médica en Clínica dental CeoDent en el Barrio de Hortaleza de Madrid donde atiende consultas privadas. La doctora es Miembro de la Sociedad Española de Ortodoncia y la Asociación Española de Especialistas en Ortodoncia. Sara es una apasionada de su trabajo, y se mantiene constantemente actualizada en su campo para ofrecer un servicio odontológico de primer nivel.
